Gracias a algunos testimonios, podemos saber que nuestros antepasadas prehispánicos ya venían optando por este método de cocción. Por ejemplo, en “La crónica de la provincia de Michoacán”, escrita en la segunda mitad del siglo XVIII por el padre Pablo de la Purísima Concepción Beaumont, dice que los indígenas tarascos solían preparar “pan de maíz cociéndolo en barbacoa”.
Ojo que aquí, el fraile Beaumont no dice qué tipo de carne era cocida en barbacoa, por lo que podemos suponer que esta manera de cocinar carne o maíz era conocida por algunas culturas mesoamericanas, pero se desconoce cómo llamaban a este proceso de cocción en sus lenguas. Tampoco señala si era un método reservado sólo para determinadas fiestas u ocasiones especiales o si era utilizado con ciertos animales.
Por otro lado, se cuenta en algunas comunidades que todo comenzó con la llegada de los españoles. Se dice que cuando nuestros ancestros de la Nueva España comenzaron a ser adoctrinados bajo la idea de que “somos lo que comemos”, sus hábitos alimenticios comenzaron a cambiar.
Además, se consideraba un pecado y una imprudencia que un ser existente (cualquiera) se quejara de su propia muerte. Esto porque se obligaban a ver a la muerte como una bendición y una oportunidad para reunirse con Dios. Por esta razón, comenzaban a considerar a algunos animales como impuros, ya que al momento de matarlos huían y lloraban por su propia muerte.
Sin embargo, mezclaron sus creencias prehispánicas con las ahora nuevas creencias cristianas y comenzaron a cocinar la carne en la tierra porque esto les iba a permitir purificarla y poder comerla sin pecar. Valga la casualidad que se dieron cuenta de que era un increíble método de cocción porque le daba a la carne un sabor más tierno, y de pronto comenzaron a integrar algunas hierbas, chiles y especias para sazonar aún más la carne.
Actualmente, esto nos permite tener una diversidad de recetas para la carne al hoyo, lo que la vuelve mágica de generación en generación, ya que cada familia mexicana tiene su secreto y lo más bonito es que representa toda una experiencia y tradición. Cuéntanos ¿cuál es la receta de tu familia?
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